Las hernias discales pueden aparecer en los segmentos cervical, torácico y lumbar de la columna vertebral y, en muchos casos, también pueden cursar completamente sin síntomas. Con diferencia, las hernias discales lumbares son las más frecuentes y, aproximadamente en el 95 % de los casos, afectan al espacio discal entre la 4.ª y la 5.ª vértebra lumbar (LWK4/5), así como entre la 5.ª vértebra lumbar y la primera vértebra sacra (LWK5/SWK1). En la gran mayoría de los casos no es necesaria una intervención quirúrgica y solo es preciso operar el 5-10% de todas las hernias discales1. Una hernia discal de la columna lumbar casi siempre está precedida por una larga historia de dolor de espalda. Cuando se comprime una raíz nerviosa, aparecen, según la zona inervada por el nervio, irradiaciones dolorosas hacia los glúteos y las piernas. El dolor irradiado a la pierna suele ser el síntoma predominante y, dependiendo del nivel de la hernia discal, puede localizarse en distintas zonas de la pierna. Los datos disponibles actualmente muestran que tanto el tratamiento conservador como el quirúrgico de una hernia discal tienen su lugar2.
Diagnóstico
El diagnóstico de una hernia discal se establece mediante diagnóstico por imagen, siendo el MRI de la columna vertebral el estándar de oro. En el caso de hernias discales de mayor tamaño, estas a menudo también pueden delimitarse ya en una exploración mediante CT; sin embargo, antes de una intervención quirúrgica debe realizarse necesariamente un MRI para una evaluación más precisa. En la exploración clínica, los pacientes presentan con frecuencia, en correlación con la raíz nerviosa afectada, reflejos disminuidos, hipoestesia y un signo de Lasègue positivo. En caso de una compresión muy marcada de una raíz nerviosa, también pueden producirse déficits motores en el territorio de inervación nerviosa correspondiente.
Tratamiento conservador
Por lo general, una hernia discal se trata de forma conservadora, y la realización periódica de fisioterapia ambulatoria tiene especial importancia. En muchos casos se produce un desplazamiento o una reabsorción de la hernia discal y una regresión de los síntomas sin que sea necesaria ninguna intervención. Si el dolor persiste a pesar de la fisioterapia y la medicación analgésica, puede realizarse una infiltración de la raíz nerviosa afectada. Para ello, se aplica directamente sobre la raíz nerviosa una mezcla de anestésico local y cortisona bajo control de imagen mediante radiografía o CT. La respuesta a una infiltración epidural de la raíz nerviosa varía considerablemente de un paciente a otro. No obstante, se trata de un procedimiento menor de muy bajo riesgo y, siempre que no exista una indicación quirúrgica urgente, debería formar parte del tratamiento conservador.
Indicación quirúrgica
En la mayoría de los casos, las hernias discales pueden tratarse de forma conservadora. Sin embargo, si los síntomas persisten a pesar de haber agotado las posibilidades del tratamiento conservador, puede realizarse una extirpación quirúrgica de la hernia discal. Se considera una indicación urgente la aparición de déficits motores de alto grado de la fuerza o de alteraciones agudas de la función vesical o rectal. Una indicación absoluta de tratamiento quirúrgico inmediato y urgente es la presencia de un síndrome de la cauda equina.
Riesgos de la cirugía
La cirugía discal es una intervención neuroquirúrgica muy frecuente que, no obstante, como cualquier operación, presenta riesgos específicos.
- Hernia discal recurrente: Dado que en el nivel de la hernia discal ya existente existe una lesión del espacio discal, existe riesgo de recurrencia. Las cifras descritas en la literatura para la hernia discal recurrente se sitúan aproximadamente en el 7-18 %3.
- Fístula de LCR: El riesgo de una fístula de LCR es aproximadamente del 3.5 % en una primera cirugía discal lumbar y aumenta hasta el 13 % en una cirugía de revisión debido a la cicatrización y las adherencias4. Si durante la intervención se produce una lesión de la duramadre, se origina una fuga de LCR. La pérdida de LCR provoca cefalea ortostática. En caso de síntomas intensos o de salida de LCR a través de la herida, es necesaria una cirugía de revisión. Si ya durante la intervención se observa una lesión de la duramadre, normalmente se cierra de forma inmediata durante la propia intervención.
- Hemorragia posoperatoria: Una hemorragia posoperatoria puede causar un hematoma epidural espinal, que puede provocar compresión nerviosa y, en consecuencia, dolor intenso y déficits neurológicos. En caso de hemorragias posoperatorias sintomáticas debe realizarse una cirugía de revisión urgente. El riesgo de hemorragia posoperatoria aumenta considerablemente, especialmente en pacientes con trastornos de la coagulación o que toman anticoagulantes.
- Lesiones nerviosas: Dado que la intervención se realiza en непосредa proximidad de las raíces nerviosas, en casos muy infrecuentes también es posible que se produzca una lesión de las raíces nerviosas con la consiguiente parálisis parcial de la extremidad inferior.
- Infección de la herida: Como en cualquier intervención quirúrgica, una cirugía discal también puede complicarse con una infección de la herida. Si esta no es únicamente superficial, sino profunda, puede dar lugar a un proceso muy prolongado con una espondilodiscitis y las consiguientes cirugías adicionales necesarias.
Referencias
Deyo RA. Herniated Lumbar Intervertebral Disk. Ann Intern Med. 1990;112(8):598 ↩ ↩
Schoenfeld A, Weiner B. Treatment of lumbar disc herniation: Evidence-based practice. Int J Gen Med. 2010;3:209-214. ↩ ↩
Watters WC III, McGirt MJ. An evidence-based review of the literature on the consequences of conservative versus aggressive discectomy for the treatment of primary disc herniation with radiculopathy. The Spine Journal. 2009;9(3):240-257. ↩ ↩
Tafazal SI, Sell PJ. Incidental durotomy in lumbar spine surgery: incidence and management. Eur Spine J. 2004;14(3):287-290. ↩ ↩